11-M: cuando la yihad cambió las urnas

            Se cumple el 13.º aniversario de los atentados del 11-M; unas matanzas con las que los islamistas lograron cambiarle el color político al país.

            A los millones de españoles que habíamos salido a exigir “NO a la Guerra” se sumaron muchos miles de amedrentados por los terroristas: rompieron su pasividad -las bombas son algo muy lejano- cuando vieron que Atocha no estaba tan lejos. Muchos se plantearon: “por ahí fuera hay mucho loco; antes de irme de domingo a la playita voy a votar para tirar a Aznar, que dice el otro que va a acabar con la guerra. Por si acaso”.

            El Gobierno de Aznar, conocedor de la psicología humana y dirigido por profesionales de la infamia como Trillo, Zaplana, Acebes y el propio Aznar, empezó a llamar a embajadas y medios de comunicación diciendo que había sido la ETA. Para que no se viera que meternos en una guerra -ilegal, por más señas- nos había puesto en el punto de mira de los locos yihadistas.

            A la ETA ya no le teníamos miedo, llevábamos décadas sufriendo sus bombazos, sus tiros en la nuca y sus secuestros. Sabíamos además que no había relación causa-efecto, que seguirían asesinando gobernase quien gobernase como habían hecho con Suárez, Calvo-Sotelo, Felipe y el propio Aznar, y con lehendakaris abertzales de pata negra. Pero los islamistas… habíamos visto caer las Torres Gemelas, sabíamos que entre ellos llevaban varias generaciones exterminándose. El sufrimiento de Etiopía nos la sudaba, poníamos mala cara e incluso nos mosqueábamos -“¡no pongáis estas imágenes, coño, que estamos cenando”!- cuando salían los niños negros reducidos a la condición de esqueletos pero por suerte aquello se acababa enseguida; el sufrimiento de Palestina, del Líbano, provocaba un encogimiento de hombros, estos moros siempre se están dando de hostias…

            …pero ahora los nombres que salían eran nombres nuestros, la estación de Atocha en la que todos nos hemos perdido alguna vez. Santa Eugenia. El Pozo del Tío Raimundo. Los asesinos, los psicópatas, habían visto la foto de las Azores y se habían fijado en nosotros. Luego habían visto que Zapatero había prometido sacar a España de la guerra. Y habían atado cabos.

            Los islamistas lograron que Aznar, el belicista, pasara de una mayoría absoluta a perder las elecciones. En aquellas elecciones votaron tres de cada cuatro personas con derecho a ello. Los socialistas ganaron a los populares por cerca de un millón y medio de votos. Al instante, en aplicación de las promesas electorales, Zapatero retiró las tropas de Iraq. Los islamistas ganaron la batalla del miedo.

            Como era de esperar, los populares siguieron defendiendo, algunos hasta el día de hoy, que la apuesta en solitario de su partido por la guerra no había tenido nada que ver con las 192 muertes. Es evidente que ellos no tuvieron culpa de los asesinatos, que fueron obra exclusiva de los terroristas, pero considero que la cúpula del partido tuvo una responsabilidad política al ponernos en el punto de mira por seguir las directrices de los Estados Unidos en contra de una gran mayoría de ciudadanos españoles y transgrediendo las resoluciones de la ONU.

            En aquellos días se llegó a hablar, incluso en instancias muy elevadas, del contubernio entre policías, fiscales y socialistas, que habrían sabido que se estaba preparando un atentado y habrían callado para que Zapatero pudiera llegar a la presidencia del Gobierno. La infamia elevada a la enésima potencia.

            A principios de abril los terroristas se inmolaron en un piso en Lavapiés, provocando la muerte del GEO Javier Torronteras. Sólo se escapó uno que había bajado a tirar la basura, y que por tanto se perdió la subida gloriosa al Edén de los gilipollas, lleno de mujeres sin experiencia y bebidas sin alcohol. Algún desinformado sigue diciendo que “algún día conoceremos la verdad de lo que pasó el 11-M”. Y de la muerte de Elvis.

            En alguna ocasión me he planteado qué habría hecho yo de haber sido Zapatero. Desde luego no le habría dado a los terroristas la satisfacción de decir: “los españoles se han acojonado y se han largado a los primeros bombazos”. Creo que Zapatero debería haberse dado cuenta de que su victoria, en aquellas circunstancias, era poco aceptable, que debería haber formado un Gobierno provisional y que debería haber convocado nuevas elecciones un año después, cuando cada cual hubiera tenido la oportunidad de reflexionar. Habríamos dado una buena muestra de firmeza internacional y le habríamos dicho a los terroristas: “A mí no me echas tú”.

            En fin. Descansen en paz las víctimas del 11-M, entre las que hay que añadir, sin duda, al policía Torronteras, que dio la vida por protegernos a todos nosotros.

Atocha 11m.jpg

@antoniombeltran

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